domingo, 25 de outubro de 2009

LA NUEVA GENERACIÓN Y LA EDUCACIÓN


“La educación es el punto en que decidimos si amamos el

mundo lo bastante para asumir la responsabilidad por él y, con

tal gesto, salvarlo de la ruina que sería inevitable si no hubiera

renovación y la venida de los nuevos y de los jóvenes”.

(Hannah Arendt)

Lejos de permitir que en Colombia adoptemos como modelo la educación–mercantil dejando atrás el modelo de educación que privilegia la creación de conocimiento para el desarrollo del país a través de la solución de los diferentes problemas de la sociedad (incluyendo a los empresarios), lo que debemos es empezar a aunar esfuerzos en la creación de un frente común de solidaridad con las Universidades Públicas que nos perpetúe como y nos permita sobrevivir como legado de pensamiento crítico y no sumiso y genuflexo.

En Colombia tenemos una educación semi-pública que pese a ello ha permitido que la esta sea un factor universalizante en donde las personas que salen del sistema básico y secundario, puedan según sus capacidades, acceder al parcial financiamiento de su educación.

Sin embargo, el modelo económico actual ha llevado a repensar las directrices que la configuran. La mercantilización ha sido el principal factor determinante de estas, y como siempre, sus más acérrimos detractores son sus integrantes, siendo que es un tema que nos toca a todos.

La defensa de la actual educación semi-pública en Colombia debe ser una defensa que comience por el hecho de llevar a cabo una reforma estructural presupuestaria donde se establezca ella como lo que realmente es, en donde no se permita el sofisma distractorio del pago según el nivel social del estudiante, por ende sea gratuita para quien demuestre condiciones de merecer que la sociedad en su conjunto debe pagar por su educación. Esto, por supuesto, es totalmente retrogrado con la política del modelo, que tiene como instrumentalizador en estos momentos en Colombia a una de las figuras más ejemplificantes de ello, Álvaro Uribe Vélez. La política aplicada a las instituciones públicas de educación buscan además de su mercantilización, la imposición de un modelo de generación, en cortos periodos de tiempo, de personas capacitadas que ingresen fácilmente al sector productivo: cerebros baratos para la producción en línea y en masa.

Para ello, debe ampliarse la cobertura para absorber los miles de estudiantes que vienen del bachillerato, lo que de facto ya ocurre sin que el presupuesto se modifique. Se incita por el contrario, a la rapiña, por medio de la asignación de recursos por investigación lo cual no garantiza, de conseguirse, que los estudiantes puedan ser beneficiarios, de manera equitativa de esas entradas de dinero, las cuales se concentran en algunos Institutos y en algunos profesores: quienes no están en la rosca, simplemente están disminuyendo su alcance en algunos ámbitos de su paso por la academia.

Brasil es un claro ejemplo de una política basada en la capacitación de sus mejores cerebros. La educación pública es gratuita, trátese del pregrado o de un doctorado. La asignación de presupuesto, si bien está marcada por una política retrograda sindical (hay derecho a parar por máximo 90 días con derecho a todas las prestaciones incluidas salario), obedece claramente a una política bien delimitada en la cual la educación es basada en altos preceptos democráticos.

Haciendo un poco de memoria, aquí a la ministra se le olvida la reunión de ministros de educación del 2003 (La XIII Conferencia Iberoamericana de Educación) donde se acogió la propuesta presentada por sus pares brasileño y argentino, que decía algo como que: aunque nunca va a haber un solo Gobierno en América Latina que niegue que la educación es el corazón de la democracia, cuando llega el momento de hacer los presupuestos se olvidan de ello. Por eso hemos decidido -algo que yo (Cristovão Buarque – Ex-Ministro de Educación de Brasil) llevaba defendiendo desde 1998- pedir el canje de deuda externa por educación.

Pensemos por un momento en esta propuesta. No es impensable tomar los dineros de servicio de la deuda externa y ella misma, e invertirla en la educación de la nueva generación, de los nuevos brazos, de los nuevos cerebros. La deuda externa, que asciende a valores astronómicos, al igual que sus intereses por moratoria, serían unos recursos que permitirían educar más y mejor a nuestros hijos. Pero sabemos que el no-pago es impensable en algunos sectores dirigenciales pues hay sobreposición de intereses particulares a los colectivos. Su no pago y reinversión en educación, es desde todo punto de vista legítimo y quien lo haga, será ungido como un gobierno que piensa en su pueblo, nunca será tomado por apátrida y traidor, sino únicamente por los bancos y fondos internacionales a quienes se les debe, a quienes no les hace falta ese dinero, y será puesto en la palestra neoliberal como alguien que se vendió a la causa de los excluidos. De los sin nombre. A quien defenderemos juntos.

Por ello, amigas y amigos, la defensa de la Universidad como un factor ajeno al vaivén político o a las malquerencias de gobiernos debe ser una labor que cada ciudadano debe asumir como una lucha propia, pues lo que está en juego es el futuro de nuestros hijos y de quienes levantarán los brazos en el futuro, en las nuevas luchas que tendrán que dar, por su nueva generación. Nuestra sangre.

Don Jon